Tengo hambre de tu boca, de tu voz, de tu pelo.
Y por la calle voy sin nutriente, callada.
No me sostiene el pan
el alba me desquicia.
Busco el sonido liquido de tu piel en el día.
Estoy hambrienta de tu risa
de tus manos, de tu sexo
calor de furioso brasero.
Quiero comer tu piel como intacta almendra.
Quiero comer el rayo quemado en tu hermosura
la nariz soberana de tu rostro.
Quiero comer la sombra fugaz de tus pestañas
y hambrienta vengo y voy olfateando el crepúsculo
buscándote, buscando tu corazón ardiente
como un puma en la soledad de la noche.
© Belén Sánchez Sánchez